Bernardino Rentería —apellido que abandonará por Casablanca, el nombre de su lupanar— es asesinado en extrañas circunstancias. Otro asesinato se desarrolla esa misma noche, aparentemente sin conexión alguna. Los detalles poco esclarecedores de la prensa, así como el desinterés por la policía para resolver el caso orillan a Narciso Capistrán a recurrir a la imaginación y suposiciones para revelar el misterio. A la par descubrimos los años de formación de Bernardino; su inserción en el mundo de la prostitución y el crimen organizado, con énfasis en su vida amorosa y los desgastes de sus relaciones, que terminan en la conversión de sus parejas en prostitutas, lo cual le ocasiona enemigos en las familias de las mujeres que consigue a base de engaños. Entre esas historias se desarrolla la de Martín, quien trata de rescatar a su hermana de la vida disipada a la que fue llevada, planeando una venganza contra Bernardino. «Dos asesinatos en los que se mezclan la pasión y el dinero, un tratante de blancas, una pareja de amantes, narcotraficantes, putas, policías y funcionarios corruptos, todo esto en un pueblo de borrachos que toman cerveza a destajo…» Capistrán pretende escribir una versión tropical de A sangre fría, novela de su mentor Truman Capote. Para ello contará con la ayuda del propio Truman, quien llega a Guasachi por una corta temporada para disfrutar del clima bebiendo cerveza y paseando en la vida nocturna del norte de México. Drogas, alcohol, violencia; el paisaje local no distrae al par de escritores de sus pesquisas; el asesinato de Bernardino Casablanca, ¿fue un crimen pasional?; ¿un homicidio por negocios turbios?; ¿o una simple venganza de alguno de los tantos enemigos de Bernardino, dueño del único burdel de la localidad? «Aquí no cabe más que la exploración de las posibilidades de la condición humana, vampirizando la realidad con la imaginación…» La novela inconclusa de Bernardino Casablanca no es —al igual que A sangre fría— un libro policiaco según los cánones del género, sino una crónica de la recolección de datos alrededor del delito, con la peculiar visión de un par de aficionados, más literatos que investigadores, que buscan delimitar claramente la realidad de la ficción. Y es que «la realidad no fabrica novelas»; sin embargo, el autor retrata de manera concisa una realidad del narcotráfico y la delincuencia pocas veces vista dentro de la literatura; las peripecias de cada día dentro de un pueblo pequeño, las disputas ocasionales en el burdel —ya sea por parte de la clientela o de su staff—, los acuerdos tácitos con las autoridades, la idiosincrasia de la vida de un pueblo que va de la cantina al estadio de beisbol, etc. Hechos que dan cuenta del conocimiento de primera mano del que hace uso López Cuadras para forjar una novela que contiene estos aspectos de su tierra natal. «…un crimen para encubrir otro…» Todo esto con un sustento literario en el que se reflexiona sobre el propio proceso narrativo a partir de hechos reales. La dualidad Capote-Capistrán se refleja en esa disyuntiva entre realidad y ficción, llegando al punto en que no importa más el asesinato y las hipótesis alrededor de él, sino su posible manifestación y resolución dentro de la lógica de una novela que jamás llegará a escribirse por ninguno de los dos. César López Cuadras (Surutato, Badiraguato, 1951), creció en Guamúchil para luego trasladarse a Guadalajara y más tarde al D. F. donde estudió Economía en la UNAM. Se dedicó a las ciencias sociales hasta principios de los noventa, cuando emprendió la escritura de La novela inconclusa de Bernardino Casablanca (1993), a la que siguieron otro par de novelas, Macho profundo (1999) y Cástulo Bojórquez (2001), así como un libro de cuentos, La primera vez que vi a Kim Novak (1996). Su literatura no escatima en temáticas adentrándose en el narcotráfico, el erotismo y las problemáticas sociales. Gracias al conjunto de su obra, en el 2009 recibió el Premio Sinaloa de las Artes.
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