Con una visión desencantada y desencajada de la ciudad, los personajes de Tragacanto se vuelven ciudad en la medida en que se van fusionando a ella. El poeta no es un ser existencialista, sino al contrario: al igual que sus personajes, se regocija en la decadencia, haciendo del ritmo, más que de la armonía, un elemento básico de tema estridente.
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